El plan era llegar hasta Uyuni. 540 km. Si todo era como lo de ayer iba a ser duro… Ahora que conozco el camino sé que es imposible. Quizás si fuese directo a Calama, sin pasar por El Tatio, y de allí a Ollagüe y Uyuni, a lo mejor, yendo muy rápido, sin parar, si no me hubiesen entretenido mucho en la frontera…quizás así hubiese podido llegar en 10 o 12 horas. Yo tardé 18.
Empecé bajando unos kilómetros al Valle de la Luna. Espectacular. No sé si después de este viaje voy a seguir teniendo la capacidad de sorprenderme ante un paisaje. Todos los días, TODOS, veo parajes impresionantes. Parajes que a lo mejor en una foto o un vídeo no producen lo mismo, pero aquí, viviéndolos, me dejan completamente alucinado.
El Valle de la Luna es uno de ellos. Está lleno de diferentes paisajes, muy distintos entre ellos, a cual más espectacular.
Sin querer entretenerme mucho, hice unas fotos, grabé unos vídeos, y me di la vuelta en una zona en la que una duna se había comido el camino. No era cuestión de arriesgar, con la moto así de cargada y ruedas de carretera iba a ser difícil…qué iluso, me iba a hartar.
La noche anterior, preparando la ruta, me preguntaba qué tipo de carreteras me iba a encontrar. La pregunta estaba mal formulada, me tendria que haber preguntado si me iba a encontrar alguna carretera en todo el camino hasta Uyuni. Y la respuesta es que no. En los próximos dos días el único asfalto que iba a pisar era en los alrededores de Calama. Ciudad por la que en principio sólo iba a pasar para repostar gasolina, pero que se convirtió en mi meta a partir del medio día.
Así volví a San Pedro y allí pregunté cómo se iba a El Tatio, sólo para confirmar lo que decía el GPS, y todos me indicaron hacia un camino de tierra. “Será un atajo” pensé, ahora enlazará con la carretera. Insisto, qué iluso.
Hasta El Tatio había 80 km de carriles, a veces rápidos (sobre todo porque eran rectas muy largas) y a veces en bastante mal estado y donde la moto iba sufriendo un poco.
En un momento dado oigo un sonido nuevo en la moto, me paro y veo que los dos tornillos del soporte de la maleta izquierda que lo sujetan al reposapiés trasero se han perdido por el camino. Recordé que llevaba las cinchas con las que habían sujetado la moto dentro del cajón al mandarla por barco, así que cogí una y sujeté bien fuerte el soporte al reposapiés.
Bueno, no pasa nada, todo el que se mete en el campo con la moto está acostumbrado a sujetar cosas con cinchas, bridas, alambre o cinta americana.
El resto del camino hasta el Tatio siguió siendo bastante duro, de vez en cuanto los enormes baches se cubrían por unos cuantos metros de arena, pero nada grave.
Diez kilómetros antes de llegar vi a la sombra de un cartel a un tipo con una bici. Cuando me fui acercando vi que era una de esas bicis con remolque, este tipo venía o iba lejos. Evidentemente paré, la gente que viaja en bici me inspira mucho respeto, y me suele caer muy bien. Debe ser el ritmo y el tempo que llevan, la velocidad a la que van contemplando el paisaje. Si cuando viajas en moto te da la sensación de que sientes mucho más las cosas que cuando viajas enlatado en un coche, cuando vas en la bicicleta realmente vas viviendo cada metro, cada momento, y eso te da un ritmo vital que me gusta.
Ciertamente el tipo era genial. Carlos Titichoca. Hijo de esta tierra, me dijo. En seguida nos caímos bien, le conté mi problema con la altura y en seguida me regaló una de las tres bolsas con hojas de coca que llevaba para el viaje. Lo dicho, con gente así da gusto coincidir, aunque sean unos minutos. Y me estoy encontrando en este viaje a mucha más gente que te da a gente que te quiere quitar o se quiere aprovechar de ti. Muchísima más.
De pronto vi el cartel que nos daba sombra y vi que ponía
San Pedro de Atcama 80
Calama 135
¿pero para ir a Calama tengo q ue volver?¿no había un camino que va hacia el oeste desde El Tatio a Calama directamente? Carlos me contó que hacía mucho que ya no era transitable y que tendría que dar un rodeo de 100km… Serían como las 11 de la mañana, una hora para llegar y ver El Tatio, dos para llegar a Calama si el camino era como hasta ahora, y me quedarían cuatro horas y media de luz para hacer 490 km cruzando una frontera a medio camino…muy difícil. Intentaría llegar hasta Ollagüe y al día siguiente cruzar la frontera y llegar a Uyuni para ver el salar.
Cuando salí de allí me sentía bien. Había resuelto el problema del soporte de la maleta (temporalmente, al menos), me estaba haciendo a la moto en campo, había pasado por muchos bancos de arena, 135 km más de tierra y después parecía que hasta Ollagüe era asfalto…¡podía hacerlo!. Y me confié. De pronto era el aventurero guay, iba sobrao. Me puse música, funki, iba rapidito pero cómodo, sin arriesgar. Lo tenía todo controlado.
Y así, en medio de una canción de James Brown llega otra curva con arena, de las muchas que había pasado ya y ni me preocupo. “Vah!, acelero un poco y con buena inercia paso los dos o tres metros de arena y sigo” pero de pronto veo que con la curva no se acaba la arena. Estoy al principio de un arenal de 200 metros con arena removida por las ruedas de los muchos todo terrenos que pasan por ahí.
La moto empieza a dar bandazos, miro la marcha, voy en cuarta y no puedo reducir, intento acelerar pero en esta marcha y a esta velocidad la moto no me puede dar la potencia que necesito para enderezarla…y me caigo.
Es arena, no te haces daño en la arena casi nunca, pero el pie izquierdo se me ha quedado debajo de la maleta. Todo esto, claro está, con mi amigo James gritándome al oído “¡please, please, please!”. Me quito el casco, quito el contacto de la moto, callo a James en el iphone, y poco a poco consigo ir sacando el pie de debajo de la moto.
“Bueeeno, no pasa nada, no me he hecho daño, la moto tampoco, la levanto y nos vamos”…jajaja ¡la levanto!
El primer intento me pone los pies en la tierra y me doy cuenta de que esto de viajar en moto no me ha convertido por arte de magia en un superhombre con superfuerza. No pasa nada, llevo muchas cosas, quito la bolsa con la ropa y lo vuelvo a intentar…sigo sin poder, los pies se me entierran en la arena (claro) y la moto ni se mueve. Estamos a 4000 metros de altitud, así que con cada movimiento parece que haya corrido un kilómetro.
Al final la descargo entera y la levanto. La saco sin mucha dificultad del camino y aunque el lateral del camino es también arena, está más compacta y creo que no tendré muchos problemas en sacarla de ahí incluso cargada. Hablando de la carga…está como a 80 metros y tengo que traerla en varios viajes…esto me cuesta casi más que levantarla! En total he estado tres cuartos de hora sudando como un pollo.
Pero me vino muy bien todo esto. Me devolvió a la realidad y en los siguientes días me iba a venir muy bien estar atento.
El resto del camino (ya sin James) se me hizo eterno. Después de un rato de caminos de baches como hasta ahora, los últimos 80 o 90 kilómetros eran una recta enorme, asfaltada a ratos, llena de boquetes, de arena que la cubría de vez en cuando, otra vez muchos camiones…
Llegué a Calama relativamente pronto, sobre las cinco y media, paré en una gasolinera (la última hasta Uyuni) y le pregunté al tipo cuanto había hasta Ollagüe y si estaba asfaltado. Según me decía faltaban como 250 km y estaba “casi todo” asfaltado. Ese “casi todo” y el cansancio que llevaba me hicieron decidir que me quedaba en Calama…¡y menos mal!.
Calama es feo, es como un oasis en medio del desierto que ha ido creciendo con la única función de abastecer de gasolina y alimentos y dar descanso a los viajeros que se adentran en este. Nada más.
Bueno, me he enrollado muchísimo. Sólo os he contado un día, el resto hasta La Paz será más corto, pero es que este día, junto con el soroche, ha sido el principio de la etapa más dura del viaje hasta ahora. Sí, ya lo sé, acabo de empezar, pero estos días han sido bastante duros, y hay quien dice que he pasado la peor parte del viaje…bueno, queda mucho para llegar a Miami y a saber qué me encuentro, pero la verdad es que ha sido difícil.
En breve os cuento cómo fueron estos días y mi paseo por el salar de Uyuni.




















lindas las fotos imagino lo que disfrutas suerte para manhana abraço
Las fotos impresionantes …Qué soledad !!! Y nadie para ayudarte ,menos mal que no te fastidiaste el pié …Cuídate .
ESTIMADO GONZALO, ANTES QUE TODO MUCHAS GRACIAS POR LOS COMENTARIOS YA QUE COMO TU DICES COINCIDIMOS UNOS MINUTOS SOLAMENTE, PERO LA DESCRIPCION DE TUS PALABRAS MUY ACERTADAS, ES EL RITMO VITAL EL QUE NOS HIZO COINCIDIR EN AQUEL LUGAR, SIEMPRE TE RECORDARE YA QUE NO TODOS LOS DIAS SE CONOCE A ALGUIEN A 10 KMS DEL TATIO ,JUAJAUAJUA, ESPERANDO QUE LLEGUES SIN NINGUN PROBLEMA ATU META FINAL MIAMI SE DESPIDE CARLOS TITICHOCA ARAYA, MUCHO MUCHO ANIMO….
PD: TENGO TRES FOTOS TUYAS DONDE TE LAS PUEDO ENVIAR, FAVOR ENVIAR UN E-MAIL, NOS VEMOS….
Carlos!! cómo estás?qué tal tu viaje?. Ya ves que después de verte me caí! jajaja. El mal de altura fue a peor, pero ya estoy otra vez al nivel del mar, y eso me sienta de maravilla!. Muchas gracias por las hojas de coca, me vinieron muy bien.
Te mando un email para que tengas el mío y me puedas mandar las fotos.
Un abrazo!